Irène Némirovsky es el título de un monólogo teatral basado en la novela corta El baile de la escritora así llamada, una judía francesa de origen ucraniano asesinada en 1942 en las cámaras de gas de Auschwitz. En torno a esa obra, a los recuerdos de infancia, a las relaciones maternofiliales, a la espera de la muerte y a otros elementos biográficos, el mallorquín Joan Guasp compone una breve escena de intenso dramatismo y contenidos éticos y psicológicos. Este libro, prologado por Rosa-Victòria Gras i Perfontan, recibió el Premi Recull de Teatre "Josep Ametller" 2006.

[Joan Guasp, Irène Némirovsky, Barcelona: Proa, 2007, 64 pp.]

El autor de Matriz de la ceniza (1999), entre otros libros, sigue transitando los caminos del existencialismo. En esta ocasión, la reflexión sobre la presencia y significado del dolor en nuestras vidas lleva al poeta a trenzar cierto discurso de Hölderlin con la convicción de que el dolor es la materia de la que estamos hechos: pretender vivir sin sufrimiento sería sueño, y asumirlo es lo único que nos permitirá resistir, aun conscientes de la derrota. Las implicaciones de la conciencia de la derrota sobre las capacidades de la palabra poética son dramáticas.

[Máximo Hernández, La conspiración del dolor, Lanzarote: Cíclope Editores, 2007, 88 pp.]

Cerca ya del final de Hiperión, el protagonista cuenta a Belarmino cómo se encuentra tras superar el impacto de la muerte de Diótima: “Amigo, estoy tranquilo, pues no quiero tener nada mejor que lo que tienen los dioses. ¿No debe sufrir todo lo que existe, y más profundamente cuanto más excelso es? ¿No sufre la sagrada naturaleza?” Esa hebra hölderliniana presta su tensión al tejido del último y excelente poemario de Máximo Hernández, La conspiración del dolor.

Haber tenido la ocasión de leer anteriores borradores del libro permite observar que, desde que todavía inédito se titulaba Del dolor aprendido, ha sufrido diversas modificaciones y reorganizaciones. Entre otros cambios, el libro ha perdido con los años el tono pedagógico que le daba armazón y se le han caído los poemas de reproche con el fin de allanarle el terreno a la expresión de la aceptación. Para el poeta, el dolor es consustancial a la vida, y asumirlo es parte principalísima del aprendizaje vital, por más que sea al mismo tiempo una derrota: “Sólo nos queda entonces/ vivir con el dolor,/ contra el dolor vivir/ para intentar vencerlo,/ en el mundo del sueño,/ con la dulce inacción/ de nuestra muerte viva.” La derrota y la resignación aparecen en este poemario, desde su primer texto, como remates ineludibles de la comprensión del dolor que nos constituye. Y así nos encontramos con un poeta para el que la oposición entre el día (la conciencia) y “los alegres jilgueros de la noche” (el sueño) marca el compás del drama del hombre.

El poeta Ángel Fernández Benéitez lo ha dicho hará un par de meses: el libro, tras enhebrar tres secciones de corte reflexivo, concluye con una cuarta (a mi juicio la mejor) en que Hernández recurre al tono del cántico. En esta última sección, el yo establece los términos de su particular pacto con el dolor: en “El decorado” denuncia el engaño a que nos someten nuestras ilusiones, que finalmente se revelan como eso, mera ilusión tras la que anida el sufrir. El sentimiento de estafa vital se prolonga en “La trampa”, en que se pregunta rimbaudianamente por su identidad y, sobre todo, por el sentido de la palabra poética. En “La nervadura del silencio”, por fin, la voz lírica identifica vivir con resistir, con “sólo [esperar] el final del tiempo/ y de la historia”, y acepta la imposibilidad de “ser en la palabra”, la fatídica incapacidad del poema de enfrentar con éxito el dolor, en un juego de confusión entre muerte y vida que cierra circularmente el libro y nos vuelve a remitir a Hölderlin.

Pues si en Hernández el dolor es consustancial a la existencia y, por consiguiente, su aceptación es necesaria, Hiperión concluía su párrafo a Belarmino con las siguientes palabras: “el bienestar sin sufrimiento es sueño, y sin muerte no hay vida. […] El dolor es digno de habitar en el corazón humano y de emparentarse contigo, ¡oh naturaleza!” Que uno de los textos centrales de La conspiración del dolor se titule “Reconocimiento y diagnóstico: Hölderlin crece en el aire de Tubinga”, y que en él Scardanelli, el alter ego del escritor ya enfermo, firme al pie con fecha de 11 de mayo de 2000, viene a sorprender a los escépticos que descreíamos de las teorías de la reencarnación.

[Máximo Hernández, La conspiración del dolor, Lanzarote: Cíclope Editores, 2007.]

El autor de libros tan fundamentales en la poesía española contemporánea como La luz oída (1996) o Las horas, los labios (2003) ha incurrido últimamente en dos ocasiones en el libro ilustrado (o en el libro de de texto e imagen). En Unánime fuego, que tuvo una primera edición bilingüe en Lisboa en 1999, los poemas acompañan a reproducciones de cuadros de Juan Luis Goenaga, en fértil conjunción de lenguajes que prolonga esta magnífica colección dirigida por Marta Agudo y Luis Burgos. Moga reflexiona sobre diversos aspectos del sexo: el deseado, el alcanzado, el satisfactorio, el fallido, el sexo como refugio, el sexo como escritura de uno mismo.

[Eduardo Moga, Unánime fuego, segunda edición con ilustraciones de Juan Luis Goenaga, Madrid: Galería Luis Burgos, 2007, 80 pp.]

Expone en Palma sus grabados, óleos y técnicas mixtas la artista austríaca y afincada en Campos (Mallorca) Eva Choung-Fux. En el catálogo, junto a las influencias orientales y la pasión por su tierra de acogida, se constata el empleo de materiales naturales y artificiales reciclados, en series dedicadas a homenajear o reinterpretar a escritores de su preferencia, desde Ramon Llull o san Juan de la Cruz a los mallorquines Damià Huguet o Blai Bonet, pasando por Wislawa Szymborska. En Choung-Fux encontramos referencias a la reivindicación de la memoria, a la escritura como gesto y a la idea de ciclo. Prestan al libro sus palabras preliminares Dieter Ronte y Pablo Rico.

[Eva Choung-Fux, Dedicatòries (nou cicles), catálogo de exposición, Palma de Mallorca: Fundació Tren de l’Art, 2007, 120 pp.]

Como consecuencia de su actividad como traductor y de su afán por el experimento formal, el poeta barcelonés había cultivado el género del haikú. Su penúltimo libro publicado, Los haikús del tren, condensa su pensamiento en la concisión y los estrictos límites del poema japonés, aunque supongan una estación inusual en el brillante y ya extenso recorrido del poeta. Lo observado desde el asiento en el desplazamiento cotidiano al trabajo puede revelarnos el mundo. Del libro hay que destacar igualmente un originalísimo formato que acredita a esta joven editora almeriense.

[Eduardo Moga, Los haikús del tren, Almería: El Gaviero, 2007, 132 pp.]

En colaboración con Magua, Sociedad Literaria, la editorial canaria Cíclope ha publicado recientemente sendos poemarios de dos magníficos autores zamoranos: Máximo Hernández y Ángel Fernández Benéitez (este último, por otra parte, muy vinculado con Lanzarote). En La mar inmóvil, Fernández Benéitez apuesta por la alegoría amorosa como procedimiento expresivo para transmitir su interés por el proceso de acceso del hombre al conocimiento y a la poesía.

[Ángel Fernández Benéitez, La mar inmóvil, Lanzarote: Cíclope Editores, 2007, 88 pp.]

En la tradición de los poetas que, desde Adriano hasta Pound, no creen en un alma trascendente y, no obstante, dialogan con lo que quiera que esa alma sea, se inserta Soliloquio para dos, el último de los poemarios escritos por Eduardo Moga y probablemente uno de los mejores. En este caso el diálogo es áspero, lleno de recriminaciones, combativo, desesperado. Es la fiebre del alma lo que “unce al ser” al yo poético: un yo abandonado a la nada sólo adquiere sentido en virtud del espíritu que lo anima, pero este espíritu se reconoce como “fiebre”, es decir, como pasión, enfermedad, provisionalidad extrema. Los poemas sobre el alma contrastan con las imágenes del vallisoletano José Noriega, donde el sexo y el desamparo aparecen absolutamente descarnados.

[Eduardo Moga y José Noriega, Soliloquio para dos, prólogo de Tomás Sánchez Santiago, Santa Coloma de Gramenet: La Garúa, 2006, 74 pp.]

Con su tercer libro de poemas, ganador de un accésit del XVI Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma, que otorga la Diputación de Segovia, el manchego Arturo Tendero nos entrega una hermosa colección de textos compuestos entre 1981 y 2005, relacionados con una manera de entender la poesía como visión o revelación en el instante. La experiencia de la naturaleza o la anécdota familiar, hilvanadas por la memoria y por una explícita conciencia de la mortalidad, sirven para reflexionar sobre los límites entre la creciente oscuridad y los escasos fragmentos de luz a los que el poeta se aferra por medio de la palabra.

[Arturo Tendero, La memoria del visionario, Madrid: Visor, 2006, 54 pp.]

La obra artística de Manolo Valdés, aun inmersa en contanste experimentación, sigue ligada a los temas del viejo Equipo Crónica. Este verano expone diecisiete grandes piezas en bronce y hierro en el Paseo del Borne de Palma de Mallorca, primera etapa de un recorrido que llevará su exposición por diversas capitales españolas de la mano de la Fundación "la Caixa". Ésta ha editado un magnífico catálogo que incluye textos críticos de Xavier Rubert de Ventós, Guillermo Solana y Valeriano Bozal y una entrevista del artista con la coordinadora de la muestra y del catálogo.

[Violant Porcel (coord.), Manolo Valdés en Palma. Esculturas monumentales, catálogo de exposición, Palma de Mallorca: Fundación "la Caixa", 2007, 128 pp.]

El Casal Solleric de Palma de Mallorca ofrece este verano una exposición de cincuenta y tres retratos fotográficos de la artista mexicana Frida Kahlo. Pertenecientes a la colección de Spencer Throckmorton, un galerista norteamericano especializado en fotografía latinoamericana, muestran a Frida en diversos escenarios y actitudes, en los que es posible comprobar cómo la pintora modeló cuidadosamente su propia imagen a través de las fotografías posadas. Firma el prólogo del precioso catálogo la escritora y también coleccionista norteamericana Margaret Hooks. La exposición, en el centenario del nacimiento de Kahlo, se ha exhibido en la National Portrait Gallery de Londres, y durante 2007 recorre salas de Alicante, Murcia, Valencia y Palma.

[Frida Kahlo. La gran ocultadora, catálogo de exposición, introducción de Margaret Hooks, Alicante: Caja de Ahorros del Mediterráneo, 2007, 152 pp.]

Roberto Russo trabaja en un centro de discapacitados mentales en Gagliano del Capo (Italia). En el curso de su trabajo ha entrado en contacto con todo tipo de enfermos (autistas, psicóticos, retrasados, afectados de down, esquizofrénicos) y, con el tiempo, ha reunido una curiosa serie de retratos gráficos y en prosa. En ellos se alude con frecuencia al amor como terapia; sin pretensiones científicas, este artista y poeta escoge hermosas palabras para describir a estas personas, su relación con ellas y todo aquello que nos puedan enseñar desde su presunta oscuridad.

[Roberto Russo, Retratti diversi, Terlizzi: Insieme, 2005, 108 pp.]

Ignacio Sanz es un escritor prolífico y polifacético, además de un viajero inveterado que honra con su prosa los lugares que pisa. Una de sus últimas publicaciones es un libro de relatos, semblanzas y testimonios sobre su comarca natal, Tierra de Pinares, que incluye más de setenta municipios entre los que se cuentan Cuéllar, Fuentidueña, Cantalejo y Turégano. Ignacio, nacido en Lastras de Cuéllar, hace un retrato de la tierra, las tradiciones y las personas, al tiempo que hace constar su lamento por el despoblamiento a que se ve sometido, como el resto de los castellanos, este viejo rincón de la provincia de Segovia.

[Ignacio Sanz, Tierra de Pinares, con dibujos de Manuel Gómez Zía, Cuéllar (Segovia): Asociación HONORSE-Tierra de Pinares, 2006, 240 pp.]

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