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Cuando en el ’88 Ángel Crespo nos regalaba con su edición y traducción de las Cartas de amor a Ofélia de Pessoa, indicaba en diversos lugares de su pormenorizada introducción que desde 1966 llevaban publicadas en Lisboa unas Páginas Íntimas e de Auto-Interpretação, pero que aún no se habían traducido en nuestro país. Crespo recogía entonces amplios pasajes que ilustraban su tesis con la que se defendía la heterosexualidad del poeta portugués, a pesar de su gusto por el fingimiento y el coqueteo con la idea de lo homosexual. Como es bien sabido de todos, los amores de Pessoa por Ofélia comenzaron en 1920, y el volumen que hoy nos trae a este foro de aire y cifras incluye los escritos personales de un Pessoa joven, anterior al año ’20, excepción hecha de las últimas páginas del libro, que incluyen un “Cuadro bibliográfico”, que en realidad es auto(biblio)gráfico, una “Explicación de un libro” escrita en 1935 a propósito de su Mensaje, y una segunda “Nota biográfica”, también de 1935 y asimismo autobiográfica. Estos últimos textos, en realidad, complementan el grueso del volumen, ocupado por los diarios que el poeta escribiera desde 1906 hasta 1919. Se nos indica, en una breve nota aclaratoria que precede a los textos (¿escrita por un editor, o por el propio traductor?; nos inclinamos por lo segundo, guiados por algunas referencias al idioma en que se están escritos los diarios, portugués en su mayoría, en inglés otras secciones) que, por fin, se publicó el año pasado la edición de la Prosa Íntima e de Autoconhecimento, sin duda el mismo libro del que Ángel Crespo había extraído sus citas, a pesar de la ligera variación del título. La edición de sus Diarios es, pues, motivo de alegría para los lectores de Pessoa, una más, diríamos, pues en los últimos años hemos podido disfrutar de una nueva edición del Libro del desasosiego, dos ingentes volúmenes (Crítica y El regreso de los dioses, esta última en reedición), así como otros libritos (La educación del estoico y La hora del diablo), todos ellos en la editorial Acantilado, además de los poemas de corte lírico-popular traducidos por Jesús Munárriz para su propia editorial. Resulta particularmente llamativo el salto estilístico que adoptó el poeta en sus diarios, centrados al comienzo en sus andanzas lisboetas, sus clases y sus lecturas, masivas, ansiosas y velocísimas, veteadas por los días en que le inquietaba no haber podido leer nada, además de por la aparición de protoheterónimos, como el de Alexander Search, amén de otros seudónimos que Pessoa emplearía para sus artículos periodísticos. Desde 1913, sin embargo, se percibe una creciente preocupación de Pessoa por sus finanzas, aparentemente nada holgadas, pues los préstamos que solicitaba eran constantes, además de por los aspectos más ínfimos del quehacer cotidiano, recogidos con un celo extremo por el detalle. Pues bien, a partir de 1914 los diarios se tornan más reflexivos, son algo así como un campo, bien abonado, en el que Pessoa se siente libre para exponer sobre el papel sus cuitas y pensamientos, sobre todo de carácter literario y filosófico, que van conformando el cúmulo de sus famosos heterónimos, primero como plan, después como plasmación de bocetos en esas páginas que se le debían antojar al poeta como el perfecto cajón de sastre en el que verter sus fobias, filias y anhelos. Noviembre de 1915, la siguiente sección, parece escrita de corrido y una vez pasado ya el mes, lo que le confiere cierto aura de micromemorias. La edición de estos Diarios, pues, consolida esa imagen íntima de Pessoa que, hasta el día de hoy, nos había sido transmitida fragmentariamente a través de cartas, introducciones, estudios y biografías, y que ahora se nos presenta más sólida, pero no por ello menos compleja y fascinante.

[Fernando Pessoa, Diarios (trad. de Juan José Álvarez Galán), Madrid, Gadir, 2008, 155 pp.]

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