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En 1997 Fernando Vallejo revisó la que en 1991 había publicado por vez primera, la biografía del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, acaso desconocido a este lado del Atlántico, pero nombre señero no sólo en Colombia, sino en todo el continente americano. Su obra, vibrante por lo que de lírica enamorada de la vida y aterrada de la muerte tiene, es paralela al trajín que su existencia conoció. Hombre polifacético, de mil y un nombres, tan pronto disoluto con sus fondos como prácticamente arrojado a la mendicidad más degradada, Barba Jacob se le escurre al biógrafo cada vez que intenta alcanzarlo. Vallejo hace uso de todo su arsenal para tratar de cercar a su presa, mas con cada avanzada suya se le escapa el poeta: tan pronto oye éste acercarse a su cazador, se las apaña para ocultarse bajo un nuevo pseudónimo, o coger un barco que le aleje de su morada, o se deja acompañar de todo tipo de personajes, algunos ilustres, otros tragados por la vorágine del tiempo, que todo lo engulle. Jamás había leído antes una biografía en la que la figura del biografiado fuera tan elusiva y, por eso mismo, tan delicada y mélica. Vallejo se pasea por hemerotecas, entrevista a los supervivientes que trataron a Barba Jacob, indaga por los lugares que el poeta frecuentaba, husmea por entre legajos y memorias escoradas, realiza una labor de detective privado en esta biografía que es casi persecución de su objeto, siempre inaprensible, creciendo en mito –aunque no en densidad material– conforme avanzamos llevados de su mano. Y, por fin, después de más de cuatrocientas páginas casi lisérgicas, cuando por fin Vallejo lo apresa, descubrimos lo que desde el principio veníamos sospechando, que, como se nos dice, "Barba Jacob es humo".

[Fernando Vallejo, El mensajero. Una biografía de Porfirio Barba Jacob, Bogotá, Alfaguara, 2003, 422 pp.]

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