Algo más de diez años antes de que la novela The Things They Carried (Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, según la traducción de la edición española) convirtiera a Tim O’Brien en el escritor de fama mundial que es, ya había escrito la muy reconocida en su tiempo, pero hoy cubierta por el oscuro velo del olvido, Going After Cacciato, que viene a ser algo así como Tras las huellas de Cacciato. La trama de la historia es relativamente sencilla: Cacciato, un soldado a medio camino entre la idiocia y el idealismo, decide, sin dar parte ni a camaradas ni a superiores, abandonar su puesto y emprender un viaje que, desde Vietnam, le conduzca a París. Una vez allí, y con la intención de animarles, se propone entrevistarse con los responsables de las negociaciones del tratado que ponga punto y final a la guerra. Sin embargo, sus compañeros de patrulla no coinciden con su parecer y, en cuanto se percatan de su deserción, marchan tras él, atravesando los campos y las capitales de toda Asia, Oriente Medio y buena parte de Europa. Los detalles de la vida militar abundan por doquier en la novela –O’Brien mismo participó en aquella guerra que su país se empeñó en librar en las selvas y montes vietnamitas–, lo cual actúa como el imprescindible condimento realista que requiere la verosimilitud de esta narración, como también son habituales las incursiones en la visión del mundo que mantienen los soldados, expuesta en unos diálogos repletos de la jerga y los tecnicismos propios de su edad y profesión, pero que, a medida que el viaje progresa, parecieran cada vez más los de unos civiles que se encuentran no poco desorientados, y no precisamente desde un punto de vista cartográfico, sino, antes bien, vital. Conforme avanza la persecución, más distorsionados se muestran tanto los escenarios exteriores como los retratos interiores de los actores protagonistas. Las linderas entre realidad y ficción se difuminan progresivamente, los hechos y datos parecen querer escurrirse de cualquier observación que siga un criterio racional, la apariencia logra un estatuto de verdad tan imponente que llega un momento en que distinguirlas a ambas es tarea propia de titanes o de dioses. Pero los soldados que van a la caza de Cacciato no son ni lo uno ni lo otro, y las pistas que siguen les plantean más preguntas que las respuestas que de ellas a duras penas consiguen extraer. Sus propios recuerdos, las visiones de los actos de barbarie que tan a la ligera llevaron a cabo y las batallas que libraron, pueblan sus memorias y, a la postre, se convertirán en sus peores enemigos: el pasado estará a todas horas presente, demasiado como para poder ignorarlo.

[Tim O’Brien, Going After Cacciato, Nueva York: Dell, 1979, 395 pp.]

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