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Veo, en la portada del libro, la foto de Al Purdy (1918-2000), la cabellera escasa y nívea, un mondadientes en la mano derecha mientras la izquierda descansa distraídamente en el bolsillo del pantalón, con camisa estampada sin ceñir y unas gafas de sol cuyos cristales ambarinos no logran esconder del todo la mirada socarrona que, quiéralo el poeta o no, también revela la comisura de sus labios. Ninguna de las otras fotos que contiene el volumen, excepto la que precede a la sección “Poemas nuevos”, deja entrever mejor la actitud de Purdy hacia una labor poética que durante tantísimos años él mismo desempeñó con inmensa pasión y buen hacer, tal como sus muchos galardones literarios ponen de manifiesto. Desde los rostros duros e impenetrables de las décadas de 1960 y 1970, con su pose varonil, la mirada fija y desafiante, los labios prietos y la actitud distante, pasando por los años ’80 y ’90, en las que comparte escenario con su esposa en distintas posturas más o menos irreverentes (como ésa en la que aparece tendido sobre un altar de sacrificios de alguna civilización meso- o sudamericana), llegamos a los poemas del nuevo siglo, con grandes gafas, sonrisa mordaz y fondo irreconciliable con la supuesta figura del literato de renombre que, cuando se tomó la foto, ya era. Al Purdy no llegó a concluir sus estudios de secundaria, y el final de su adolescencia, que fue también el inicio de su vida adulta, lo pasó trabajando en factorías y ocupando los más variopintos puestos de trabajo hasta bien entrado en los cuarenta. Hasta 1965 no logró encontrar su voz poética (aunque a él le gustaba referir la anécdota de que había soñado con escribir poesía desde los 13 años), cuando publicó el poemario The Cariboo Horses y se le abrieron las puertas hacia la escritura profesional. No es de extrañar, pues, que sus fotos más tajantes y definidas sean las de los años de lucha más denodada por lograr que sus versos sonasen en la clave apropiada, y que las últimas fotos coincidan con el rostro de quien siempre se ocultó en su interior: el de alguien que sabe que incluso el poeta representa un papel ante la cámara, alguien que se ríe en su fuero interno y sus palabras así lo expresan, que su vida está enraizada en la tierra donde nació y que su vista se alza desde lo más baladí y trivial hasta la altura gaseosa de la atmósfera inasible.

[Al Purdy, Beyond Remembering. The Collected Poems of Al Purdy, Madeira Park, BC: Harbour Publishing, 2000, 606 pp.; (*) “Di sus nombres di sus nombres / y escúchate a ti mismo / un eco en las montañas”]

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