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La primera vez que la leí no podía contener la risa, fue algo bárbaro, cada dos por tres estallando en una carcajada: los perros que le fastidian, o las damas que salen medio desnudas y aburridas del todo a esperarle al porche de sus casas, o jugarse la vida por tener que repartir correo publicitario… Una novela, por cierto, que escribió en menos que se persigna un cura loco, se sentó a teclearla y no la dejó hasta que, en unas pocas semanas, la tuvo terminada. Acababa de renunciar a su trabajo (de cartero, de qué si no) y había decidido dedicarse de lleno a la escritura. Hay quien le achaca su excesivo tono a lo Hemingway, el no haberse sabido desligar de sus modelos para, al final, producir un mero ejercicio de estilo. Touché. Pero también encontramos el Bukowski más mordaz y pendenciero, algunos dirían que incluso morboso, con toda su carga de sexo y absurdo y, sobre todo, su desprecio al trabajo, a la meritocracia, al estilo de vida americano. Creo que por ahí van los tiros. (Nota bene: traducción en Anagrama con el título de Cartero).

[Charles Bukowski, Post Office, Santa Rosa, CA: Black Sparrow Press, 1971, 198 pp.]

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